Parte I
«¿Por qué tenemos el impulso de escribir? Para estar aislados, protegidos, extasiados de soledad a pesar de los deseos de los demás. Woolf tenía su habitación. Proust, sus ventanas cerradas. Duras, su casa silenciosa… Todos buscando un vacío que llenar con palabras.-»
Patti Smith

La habitación ha sido el espacio que uso para volcarme toda, donde existo no-domesticada. Donde puedo aventar el mundo que llevo dentro y sorprenderme de su belleza. Internamente sólo se experimenta como una maraña de pensamientos, sucesos y sentimientos. Adentro es sólo un nudo salvaje, expresarlo es desenredarlo.
La herida que me ha perseguido toda la vida es la sensación que no tengo lugar en el mundo. Desde niña aprendí a apropiarme de un espacio lanzándome entera a él, mi habitación en gran medida soy yo. Simbiosis entre muebles, paredes, marcos, sentimientos y pensamientos. The things you own end up owning you, aquello que posees termina poseyéndote.
Soy egoísta con mi mundo interno. Lo comparto a quien promete sólo ver con el rabillo del ojo. En esta habitación encuentro en cada esquina el límite de mi extensión: el escritorio, el librero, el closet, las cortinas, el macramé, el candelabro, el espejo, la cama, los marcos.
Existe una película llamada Canino que va sobre cómo una familia voluntariamente reduce su mundo a las experiencias que viven en una casa en la cual permanecen encerrados. La posibilidad de salida se da cuando se cae su diente canino, es decir, no hay salida. Por ello pueden darse la libertad de vivir bajo significaciones totalmente ajenas al reino común. Por ejemplo, el mar es una gran butaca de cuero y usan la palabra “zombie” para referir a una flor pequeña y amarilla.
Me permito similares ejercicios de libertad —o de delirio—. Comparto con Anaïs Nin el sentimiento donde la realidad no me impresiona. Como ella, sólo creo en la embriaguez, en el éxtasis y cuando la vida ordinaria me atormenta escapo de alguna manera. No más paredes, este es el principio de mi jaula.
Anaïs, quien también vivió bajo este principio, asistió a una fiesta de Halloween disfrazada con una jaula de ave en la cabeza. De la puertecilla abierta salía un rollo de papel que tenía escrito varias oraciones de sus libros. A cada invitado le entregó una línea como si fuera ella la cinta perforada del inconsciente*, el medio de su mensaje.
*La cinta perforada fue un método de almacenamiento de datos que ahora es obsoleto.

La temática de la fiesta fue Come as your madness, asiste como tu locura. Más tarde surgió de aquí el cortometraje Inaguration of the Pleasure Dome (1954). Para mí esa es mi habitación, inaugurar una bóveda de placer.
☁️ Colores y Estilo:
Si juntamos al red room lyncheano: el White y Black Lodge, la paleta de colores y el aura de los bodegones flamencos, la habitación de Adam en OLLA de Jarmusch conseguimos el estilo de esta habitación. Necesito incluir lo antiguo y lo obsoleto; aprendí a hacer mío aquello que el mar rechaza: caparazones, flores secas, huesos, plumas.
Mi amor hacia lo vintage viene de un deseo por rescatarme a mí misma, por trazar sentido y valor donde nadie más lo hará. Viene de la inhabilidad para dejar morir aquello que fue condenado por una fuerza externa al abandono. Siento la obligación de hurgar ahí donde nadie ve, ahí donde dicen que no queda más vida, ahí donde no se debe asignar importancia. Y transformarlo hasta evocar posibles renacimientos. Tengo el defecto de encontrar en cada cosa su propia contradicción.

Soy nostálgica y disfruto las sombras, por eso dos paredes tienen un color oscuro: granate y negro. Pero para que la vida sea posible en este universo creado necesito su equilibrio armónico, así que las otras dos están pintadas de plata y de blanco.
Siguiendo este patrón incorporo bajo el mismo orden un candelabro que una lámpara de led, un pizarrón que una laptop, una réplica de una cama del periodo de regencia que un duvet hipoalergénico, una máquina de coser original de principios del siglo XIX que unas cortinas de poliéster.
Trazo un mapa sensorial con las texturas: madera, macramé, tejido en canasta, gasa, terciopelo, gis, cristal, latón, espejo, plástico, algodón, piel, cartón, corcho, seda.
☁️Marcos:

Colecciono rostros. Necesito recordar que hay otro modo posible de ser, necesito sentir que ha habido otras como yo. Este es mi árbol genealógico de locas, genias, perras, divas y suicidas. Falta completarlo, pero he aprendido a contentarme con la apertura de su expresión. A veces hace función de muro de las lamentaciones o de I failed you, te he fallado.
Algunos de estos marcos fueron de mi abuelo. No fuimos cercanos, pero comprendíamos la soledad del otro. Dentro de estos también se incluyen las mujeres que antecedieron a la estirpe de la que soy parte, mis dos abuelas, ambas signos de aire, géminis y acuario. Me dieron lugar a mí, también signo de aire, quien cerrará el linaje para siempre.
A mi abuela paterna le gustaba contarme historias, leerme tragedias y mitos. Crecí pensando que los personajes eran personas históricas, pensaba que todo aquello que estaba en los libros no podía ser fantasía ¿Quién sepultaría una mentira en un lomo gordo y duro con letras doradas en la portada?
Imaginé que así como yo lo hago ahora, Lisístrata pasó por este mundo en carne hace muchísimo tiempo. Admiraba la ira de Medea, la rebeldía de Antígona, odiaba la lealtad de Penélope. No diferenciaba entre mortales y dioses. Aspiraba a la racionalidad de Atenea, anhelaba la desobediencia de la mujer de Lot. Estas mujeres me crearon, con ellas me inicié en lo profano, aquí inauguré el rito de ensoñación que consiste en que todo sueño es materia en germen.
Aquí están tantas que han acompañado lo que soy. Genios como Bowie y Patti que me regalaron la sensación de que en este mundo también cabían universos creados. Suicidas como Plath, Bachman, Pizarnik, Winehouse, Woolf, Janis que me acompañan en la intensidad de mis sentimientos al borde de la vida.
Sinéad resistió con la frente en alto el abucheo de miles de espectadores en el tributo a Bob Marley tras el incidente en SNL. Nina Hagen me ofreció el inicio de maravillarme por lo raro. La Santísima Trinidad: PJ Harvey, Tori Amos y Björk, morras que insistieron en ser artistas pese a la narrativa que de ellas desarrollaban los medios.
La fortaleza para existir activamente fuera del estereotipo que nos hace temer a las mujeres nuestra propia madurez la aprendí de Irene Apfel y Michelle Lamy. De Maya Angelou robé la voluntad para levantarme y fue Sky Brown quien me enseño a no temer caer. Simon Weil me hizo atreverme a incorporar la sensibilidad dentro del ejercicio de pensamiento.
Rosario Castellanos, Olga Orozco, Silvina Ocampo, Ida Vitale, Abigael Bohórquez, Luis Cernuda quienes me acompañaron desde el destierro del lenguaje. Marina Tsvetaieva, Anna Ajmatova, Natalia Litvinova, Wislawa Szymborska, Cristina Campo, Rimbaud, Novalis y Nelly Sachs que hicieron lo mismo desde otra lengua.
Lynch, Bergman, Deren quienes filmando sus obsesiones, miedos y exploraciones ocasionaron en mí otra aprehensión del mundo. Jung me enseñó a valorar lo onírico más allá del sueño. Gata Cattana y Fiona Apple gritaron los silencios que yo no supe decir.
La Dietrich, Theda Bara, Tilda Swinton y Cate Blanchett por la magia de ser tantas sin dejar de ser sí mismas. Nina Simone, Joséphine Baker, Billie Holiday, a quienes el mundo masticó y escupió, transformaron el alarido de su dolor en el más bello canto.
Pina Bausch, Martha Graham, Ron Athey y Spinoza quienes me revelaron que el cuerpo es más que nudo, hospital, prisión o tumba, que es espacio de revelaciones cuando se explora desde la libertad. Y otros, otras, otrxs que me encuentran en este camino que a veces consiste en seguir aunque ya no quieras.

El marco más amplio está constituido como collage porque los rostros no cabrían individualmente en todo el muro. También intenta representar un Self que ha sido desplazado a fragmentos. Aún hay espacios por llenar. Melanie Klein piensa el collage como esa tarea constante y repetitiva de soldar imágenes rasgadas para construir algo complejo y simbólico. Hay algo en el pegamento que me permite reconstruir el mundo, reconciliar todos los contrarios. Me abruma colocar pieza a pieza, pero es una labor que apacigua mi soledad frenética y mi terror al rechazo.
☁️Cama
En astrología védica mi nakshatra lunar es Purva Phalguni. Las dos estrellas que se asocian a este nakshatra son Delta-Leonis y Theta-Leonis, situadas a la izquierda de Regulus. Los védicos antiguos las vieron como las patas posteriores de la figura del león, a su vez, las representaron como las patas traseras de una cama. Esta cama es un diván para el descanso diurno.
Es la parte del ciclo en el zodiaco en el que el alma busca la comodidad tras haber alcanzado el trono en el nakshatra anterior. También se relaciona con los placeres sexuales. Purva Phalguni es fuerza de renovación y creación que en exceso se vuelve pereza e indulgencia. Además, es uno de los nakshatras designados para sostener el teatro de la vida.

La habitación se vuelve un descanso de ese teatro, nadie quiere molestar a un león dormido. Un tiempo experimenté con la tendencia minimalista de dormir en el suelo, pero prefiero el lujo de tener un objeto designado para el placer onírico y onánico. Así, cuando la noche nos impone su tarea mágica de destejer el universo en ramificaciones infinitas, yo puedo ser de la misma sustancia que los sueños y soñar el sueño que soñamos todos: el sueño común.

Esta cama es una réplica de las que existían en la época de la regencia, lo interesante de este periodo es que fue cuando la monarquía enloqueció. Además, comenzó la transición del estilo georgiano hacia el victoriano. También vivieron personajes como Austen, Byron, Shelley y Keats. Letras con las que mi versión adolescente construyó la fantasía que la poesía podía ser mi oficio si encontraba las razones válidas para morir.
☁️Muebles
Librero, s. Utensilio para guardar letras. En la actualidad el pensamiento está atado a la cantidad que de ellas poseas. Quienes desperdiciaron su talento para escribirlas, las coleccionan.
Escritorio, s. Lugar en el que se coloca el tedio e incapacidad humana hasta que llega la musa.
Máquina de coser, s. Instrumento para producir los textiles con los que aparecen los fantasmas.
Clóset, s. Secta de seres con formas diversas y variados olores que tienen hábitos nocturnos que afectan a los niños, según dicen algunos señores que temen la propagación de ropa extravagante.
Espejo, s. Lámina vítrea de la desilusión. Instrumento para cruzar el umbral de la realidad.
Cesto, s. Recipiente similar a la hidra. Aquí todos los males y telas se multiplican.
Lámparas, s. Objeto de culto. Los seguidores de Grosseteste creen que en cuanto recipiente de luz es suficiente como base metafísica.
☁️Macramé.

El tejido ha sido una de mis fascinaciones teóricas por su semejanza con la escritura. La palabra replegándose para ser trama, urdimbre e hilván.
Esta pieza se llama “donde vienen los ríos” de Daniela Chiñas, quien en medio del catastrófico 2017 me hizo sentir comprendida desde mi dolor. Es un ojo que no deja de fluir.
Ese año descubrí que mi nombre es un gentilicio de un pueblo germánico que vivía a lado de una cascada. Se asignaron un nombre que significa «to pour», derramarse (geutan). Más tarde ese nombre derivó en Jocelyn.
Quisiera decir que puedo verme más allá de la tristeza pero sería mentira. La tristeza ha formado mi cuerpo del mismo modo en que los cuerpos de agua se hacen camino entre la tierra. De aquí mi inhabilidad para contenerme.
☁️Accesorios.
Un Self fragmentado. Me gusta el juego de la lateralidad, de niña no participé. Ahora lo juego y me encuentro desparramada en todos los espacios.
Por aquí una mano que contiene joyería. Por allá una oreja para recoger cenizas. Me gusta esconder guiños en todo lo que hago. Especialmente adoro lanzarle guiños a Lynch.

El cuerpo me sigue dando terror. Ejercer la subjetividad me asusta aún. Quisiera abstenerme de ejecutar la internalización de sistemas morales. Si soy por un tiempo prolongado me siento esclava de las causas y efectos de una máquina a la que no quiero pertenecer. No podemos ser independientes del mundo que nos produce, de esa industria que nos llama individuos y nos obliga a la unidad.
Pero me esfuerzo y no dejo de intentar. Me esfuerzo aunque sepa que no puedo cambiarme fundamentalmente. Lo intento sabiendo que no podré crearme ex nihilo, a partir de la nada.
Vivo aún sabiendo que soy parte de una gran cadena causal que no tumbará nada pese a sentirme un cabo suelto en el tiempo. Anhelo el momento en que en el espacio aparezca el resto de mi cuerpo: piernas, torso, cabeza.
Cabe preguntarse si esto me alcanzará para la humanidad o si siempre generaré sospecha al intentar actuar como lo hace el resto y no podré sino mantenerme irresuelta, en experimento, en proceso, sucediendo…
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