La crisis consiste precisamente en el hecho que lo viejo muere
Antonio Gramsci, Pasado y presente.
y lo nuevo no puede nacer.
No sabemos cuáles son las redes que nos tejen, los arquetipos que nos moldean, las cicatrices que nos abren al mundo. Los racionalistas se negaban a pensar el cuerpo como una certeza. He jugado varios años a descifrar Delfos, sin embargo, cada tanto me sorprende un nacimiento o muerte fuera de patrón. Unos pies nuevos que pisan, una pisada que deja de hacer camino. La soledad, vieja amiga de la infancia, me visitó y trajo consigo a mi querida amiga la muerte. Conversamos poco, más bien me enseñó a danzar. C’est la mort. Seremos polvo, así bailamos, así reímos.
Para mi sorpresa ya no concibo un tiempo sin espacio, es decir, un tiempo sin hacer. No tengo ninguna reputación que cuidar. Soy lo que soy. No más buscar respuesta en ontologías fuera del vivir. No más maniqueísmos vanos, los excesos pueden llevarnos a sus contrarios. Vivir es equilibrar y ya no busco síntesis, reducir es usualmente al absurdo.
No quiero simplificar, quiero aceptar que no sé lo que soy, ningún gnóthi seautón, quiero sentirme infinita e incomprensible; totalidad. Olvidar es recordar que la que muere no es la que fui sino la que pude ser. Dejar que me revuelque la ola, que me lleve la corriente, que me despedacen los afectos y me descompongan los gusanos. Si un arúspice solicita mis entrañas, ponerlas. Los etruscos creían en la lectura de vísceras para descifrar el futuro.

Decía Uexküll que la araña teje su tela antes de encontrarse con la mosca. Nada hay más ajeno a la araña que la estructura de su red pues esta diseñada para capturar un ser de otra naturaleza. Así la araña contiene a la mosca sin conocerla ¿Siquiera se puede balbucir la red de interrelaciones a la que estamos inmersos?
Así imagino el mundo a veces, como un órgano fantasma que canta un silencio, este contiene la memoria de un vacío potencial que forma figuras imperceptibles. Jakob considera que el cuerpo es sólo la mitad del ser viviente, la otra mitad está en los objetos que para él existen, aquellos que le incitan a moverse, a vivir.
Tomando el lenguaje como una capacidad de acción y no como cosa, como una adaptación sensorial que busca dar cuenta de lo desaparecido. Me engaño predicando la fecundidad de su mentira. Significo como rebelión —o como doctrina— el tejido vivo de una sensación que no puede asirse. De otro modo, lo que soy se vuelve insular e incomunicable…

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