Y me arranqué de raíz…

Un día desperté fastidiada de mirarme el cabello teñido sin rizos por el peroxido. Llevo años fabricando personajes para existir, veintisiete años en entender que mi existencia no es un error.
El problema del yo, las crisis de identidad, la imposibilidad de sostener una mirada sobre mí. Todo ficción. La necesidad de reinventarme, de tejerme para darme vida, de complejizar el patrón para no tener que mirarme. Mitos. Me ha tomado rato aceptarme y entender que estoy forzando cambios para huir de mí.
La constante transformación para evitar ya me aburre, estoy más interesada en la estabilidad de poner los pies donde desconozco e intentar un equilibrio entre la alegría imperturbable y la seriedad letal.
Son inicios de los noventa, Bowie merodea intentando encontrar fuerza musical. Su breve proyecto inspirándose en los Pixies es Tin Machine. La banda se disolverá a los dos álbumes. Es una afirmación ingrata decir que me he quedado sola, pero es cierto que yo misma he tenido que disolverme para volver al trabajo en solitario. Despedí este año a quienes fueron en su momento mi mejor amiga y mejor amigo, cada quien su camino.
Este periodo de Bowie es una apertura después de un cierre. Black Tie White Noise es un intento de volver a comenzar después de despedir sus viejos éxitos en el tour con Tin Machine. A decir verdad, fue mi Bowie menos favorito cuando lo oí en la adolescencia. Sentía su sobriedad sospechosa. Es también un álbum que viene después de constantes tropiezos creativos y tras conocer a Iman. La palabra boda inaugura y cierra el álbum. Alguna vez Bowie respondió que el más grande logro en su vida fue casarse con Iman. El resto, un añadido.

El amor es así, te cambia para siempre. Me atrevo a decir que en mí ha articulado muchos sinsentidos que me permiten fluir y dejar de sentirme un agujero negro o laberinto. También ha significado ser responsable de mi deseo y moverme desde lo vivo. Ha sido asumir el desafío de jugar un juego que descubro nuevo cada vez y muchas veces no sé jugar. Fue estar tentada a huir para regresar a mi existencia estandarizada con mi muerte querida, mis patrones, mi lenguaje y mi soledad.
El Bowie de 1993 es la elección más ad hoc en tanto que también sale su banda sonora The Buddha of Suburbia para la serie homónima. Gran parte de mi año fue confrontar mi propia pasividad, mi supuesta serenidad zen. El libre decreto de ánimo es una ficción cuando habitamos un mundo en relación. Se me cayeron muchísimas ficciones.
Descubrí que sostenía un cautiverio donde hice inútil a la experiencia. Arranqué mi carácter, mis hábitos, mis apetitos con el estrecho espacio que me daba para existir. Comencé a ver mi naturaleza silvestre con sus posibilidades. i think there is a union betwen the flesh and the spirit.

Buddha-Bowie es un álbum con varias canciones sin lírica. Darle lugar al cuerpo. El álbum tiene un aire de ciclo abierto, he ampliado mi noción de ser más allá de la definición. Si el amor fuera un género musical sería jazz. Además del juego de palabras entre sax y sex, son ritmos que se mezclan mediante improvisaciones individuales.
Los dos álbumes cierran con una versión de la canción inicial. Crecer conlleva una amplitud perceptual. Si pongo atención en el flujo no queda encrucijada. Ningún ¿hacia dónde ir? ¿quien ser? Confiar. Moverse. Ir. Ser.
fotos por Filula de Cariaconcia.

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