Esa canción sonó tanto a finales de veinteveinticinco. Quiero recordar el inicio y no puedo ¿a dónde me llevó la música este año? Me entregué a lo muerto y los finales, a mí que me cuesta tanto avanzar sin dar dos pasos hacia atrás. El viaje no terminará donde creías. Leía algo que decía que la neurosis es ahora la normalidad en un mundo que te exige tanto desde la completa inestabilidad. Desconozco mis obsesiones y rituales en este punto. Sólo quiero vivir la vida como un regalo, presente y atenta al porvenir. Una vida con Filu también.
El lugar del consumo en la cultura y la necesidad de clasificar cada experiencia. La forma técnica de la obsesión. La hibridación moderna de la estabilidad. Todas estas recolecciones digitales del cielo y el infierno, cómo adoro lo intangible en el cuerpo. Sobre el fin del mundo y la obstinación a saber seguir en medio de todo lo que muere y no vuelve a nacer.

Quedarse en el símbolo. Ni reseña ni qualia. Lo críptico del misterio basta. Lo frágil como símbolo de la eternidad. Cuánta fuerza para entregarse al esfuerzo de eso pequeño. A eso diminuto que se siente hace mucho. Este año regresé a leer y vi menos cine. Defínete en tres palabras, luego echa a correr. En adolescencia fue triste, terca, muslona. Hoy torpe, terca, traka. Amar lo inevitable, dejar que me atraviese. El dinero sigue sin causarme impresión, ubico su desgaste. Te enterrará quien más amas y te cuestionará por qué no sabes nacer.
Una existencia la perdí en las ruinas del siglo pasado cuando me di a luz. Saber morir no enseña nada de vivir. Sangre y Fe. De cortesía me apliqué todas las mañanas la siguiente palabra: sobrevivirás. De ese enunciado se hizo mi cara, ya no de carne caída ni experiencia roída. Así mi peor pesadilla fue cultivando su realidad; cumplí veintiocho deformada por el peso del exceso. Sentí mis mareas descafeinadas y me invadió una sobriedad larguísima. Aprendí a poner mis silencios en la partitura. Hubo música, armonía, delirio breve. Naranjas, azules, negros profundos, rosas, grises y bermellones. Haberse decidido por la filosofía quien había nacido para la poesía decía Zambrano.
+Bonus: Sinnerman de Nina Simone.
Desde el primer funeral simbólico de Lynch, no solté a Simone. Encontré en ella una capa de mi historia: Una pecadora que no sabe hacia donde ir, que pide ayuda a Dios. Desde la oración le cuestiona si acaso la escucha, entonces Dios la conduce hacia el diablo. Así fue mi viaje del héroe de los 27 años, la profundidad del tártaro y el infierno. Su sonorización, Sinnerman.
Please hide me, Lord
Don’t you see me prayin’?
Don’t you see me down here prayin’?

Las recolecciones sonoras son un ejercicio que hice durante la adolescencia y volvieron en la pandemia para clasificar mi consumo musical de las producciones del año en curso con el fin de hacerle un sentido a mis horas de pasividad. A la recolección cinematográfica le llame «película de reparación espiritual» y este año fue Memorias de un Caracol.




































Deja un comentario